Solo por Estudiantes Politecnicos

Archivo para noviembre, 2010

Federico Gonzales Suarez

Nació en Quito en 1.844, hijo legítimo de Manuel González Suárez, natural de la Plata en Colombia y de su prima hermana Mercedes Suárez Alzamora, quiteña. Nació débil y enfermo y se temió por su vida. En 1.847 su padre viajó a Colombia al saberse leproso y quedaron el niño y la madre en abandono y gran pobreza, subsistiendo por la ayuda del Obispo Garaycoa y de otras personas caritativas.

Su madre le enseñó las primeras letras, luego ingresó a la Escuela de Colombia que funcionaba en el Convento de San Francisco. Entonces lograron adquirir una pequeña casa en los arrabales frente a la quebrada de Jerusalén y recibió una carta del esposo que la llamaba, pero casi enseguida se enteraron de su muerte; matriculado en la escuela gratuita de Santo Domingo, en 1.851 hizo la Primera Comunión con su confesor el Canónigo Manuel Orejuela que le obsequió un ejemplar de “La religión demostrada al alcance de los niños” de Balmes, libro que leyó con fruicción a pesar de sus escasos 7 años.

En 1.854 enfermó tres meses pero logró salvarse con remedios comprados al fío. En 1.855 terminó la primaria y de once años solamente recibió la tonsura de manos del Obispo Garaycoa en el santuario de Guápulo; enseguida ingresó en la Universidad para continuar estudios secundarios.

En 1.859 vino la guerra y los reclutamientos forzosos. Deseaba entrar al Seminario pero no contando con medios económicos solicitó una beca y el Arzobispo Riofrío se la negó por ser hijo único de madre viuda y pobre.

Dejó los estudios 2 años, luego consiguió en 1.862 la ansiada beca de los jesuitas. A la semana, el Padre Francisco Javier Hernáez lo acogió en su favor e ingresó de novicio a la enseñanza de literatura, entonces fue atacado de viruelas pero sanó sin complicaciones.

En 1.863 arregló con Abelardo Moncayo la Biblioteca Nacional de Quito, trastornada por el terremoto de 1.859 y cuando éste salió de la orden, González Suárez fue puesto por sus superiores en observación, “por haber sido su amigo”.

En 1.871 pronunció un discurso sobre “La Poesía en América” que constituyó el inicio de su carrera como escritor y orador. En dicha ocasión dijo “Soy el ínfimo de los ecuatorianos pero a nadie cedo en amor a mi patria”, anciano expresará: “Yo solo leo las cosas de mi patria”.

De esa época de juventud es su “Estudio sobre Virgilio” donde critica el olvido de las lenguas clásicas en los programas de enseñanza superior y el “Estudio de la Poesía épica cristiana” obra que revela una prosa rica en giros idiomáticos.

En 1.872 decidió salir de la Compañía de Jesús; años después expuso en sus “Memorias Intimas”. “Viví en la Compañía 10 años y tengo como uno de los más grandes beneficios que he recibido de la bondad divina esos diez años de vida religiosa pasada en la sotana jesuita”. ¿Por qué salió entonces? Parece que lo hizo para ayudar económicamente a su madre. Los jesuitas se sintieron molestos y con toda la razón. Diez años es mucho tiempo y por ello ejercieron influencias para evitar que González Suárez ingrese al Clero de las diócesis de Quito e Ibarra; mas, el Obispo de Cuenca, Remigio Estévez de Toral, lo llamó bajo su protección y se ordenó de Subdiácono el 4 de Agosto, de Diácono el 11 y de Presbítero el 18 de ese mes y al día siguiente fue sacerdote en el templo de la Concepción de Cuenca “de un modo privado y casi oculto”. El jueves 22 dijo su primera misa en el oratorio de la hacienda que poseía su padrino de vinajeras, Dr. Antonio Borrero, en el Valle de Chaullabamba. Cuatro meses después fue designado Canónigo Racionero de esa Catedral, ejercía la secretaría privada del gobierno eclesiástico y ayudaba con remesas periódicas de dinero a su madre en Quito, anciana, achacosa y como siempre pobrísima. (1)

Superada su crisis comenzó una vida cultural intensa. Vivía en casa de la familia Izquierdo Serrano, frecuentaba las reuniones literarias del “Liceo de la Juventud” que dirigía el Padre Julio Matovelle, donde se formaban los Poetas Marianos de los Sábados de Mayo, con los que versificaba. Estas creaciones se leían en la intimidad y González Suárez las denominaba Composiciones Furtivas; muchas romperá después, pero la colección de 11 originales y 15 traducciones se publicó en 1.877 en estrofas llamadas liras y han visto una segunda edición en 1.899, Editorial Herder, Alemania. El 77 también editó un estudio sobre Balmes de quien era un asiduo lector y el opúsculo “Belleza Literaria de la Biblia”. Escribía para los periódicos del Azuay, pronunciaba sermones y ganó fama y prestigio como sacerdote culto y más aún como orador.

El 8 de julio de 1.873 pronunció en la Catedral de Cuenca su oración fúnebre sobre el Dr. Agustín Cueva, médico venido de Europa y fallecido joven. En 1.875 y dio a la imprenta “Observaciones sobre el poder temporal del Papa”, escrito cinco años antes, con motivo de la ocupación de Roma por las tropas de Víctor Manuel II de Italia.

El 6 de agosto murió asesinado el Presidente García Moreno y el 21 de celebraron sus exequias en la Catedral, González Suárez improvisó un sermón en sólo dos horas, comenzando así: “No pertenecí yo a su partido político, como es notorio”… Basta y sobra, se encendieron los ánimos en su contra y en tal forma que Monseñor Toral le aconsejó imprimir la “Oración Fúnebre”, lo que le salvó de una segura prisión, porque de Cuenca

(1) Existen dos cartas del Padre Delgado, superior de la Compañía de Jesús en el Ecuador, dirigidas a Estévez de Toral, recriminándolo por haber aceptado a Gonzáles Suárez en su Diócesis.
escribieron al gobierno muchísimas calumnias; sin embargo, su madre, fue insultada y casi abofeteada en Quito, a la salida de una misa, por una beata señora que trató de reparar la memoria del dictador con acto tan innoble, mientras que en Cuenca, según Tomás Rendón Solano, se consideró el asesinato del tirano como la “aurora de un porvenir de rosas”.

El Viernes Santo de 1.876 predicó en la Catedral sobre “La Pasión de Jesucristo en el siglo Décimo Nono” que trata sobre el proceso de Jesús comparado con la situación de la Iglesia de entonces. “La Pasión” despertó intensos comentarios y el Obispo Toral volvió a aconsejar la impresión para desvirtuar el comentario jocoso que circulaba en Cuenca acerca de este sermón, calificado de parodia y sátira contra el Presidente Borrero, atacado por garcianos y radicales. Con motivo de la revolución de Veintemilla en Guayaquil y su posterior ascensión al poder dio a la luz “Opúsculos de polémica religiosa” colección de artículos de su pluma sobre tan palpitante tema.

El 22 de Febrero de 1.877 escribió su Informe a Monseñor Toral sobre la “Carta a los Obispos” de Manuel Cornejo Cevallos, que basado en las escrituras exigía libertad de conciencia, de prensa, tolerancia de cultos, etc. Garantías que por supuesto no existían en el Ecuador fanatizado y ultracatólico de esos días.

En abril murió asesinado el Arzobispo de Quito Monseñor Checa y Barba. González Suárez publicó una hoja suelta titulada “Un Mártir”, pero hechas las averiguaciones judiciales no resultó ningún radical implicado y el crímen perdió interés político. Entre marzo y agosto de ese año imprimió en Cuenca “Exposiciones en defensa de los principios católicos” replicando los decretos de Pedro Carbo, Ministro General del régimen.

En 1.878 fue designado Representante del Azuay ante la Convención Nacional reunida en Ambato y pronunció el discurso en los solemnes funerales acordados por la Convención a la memoria del Papa Pío IX, luego apoyó las reformas liberales que intentó Pedro Carbo imponer en esa convención. El 17 de octubre habló en la Iglesia de la Compañía durante las exequias de Vicente Piedrahita, asesinado misteriosamente en su hacienda “Palestina”. En septiembre apareció en Quito su primera obra arqueológica denominada “Estudios históricos sobre los Cañaris, antiguos habitantes de la Provincia del Azuay, en la República del Ecuador” con numerosas láminas dibujadas y grabadas al metal por Joaquín Pinto y su esposa Josefina Berrío, en la prensa litográfica de Carlos Matheus y Pacheco, corriendo la impresión general por cuenta de J. Guzmán Almeida. La edición constituyó un esfuerzo económico para su autor, salieron 100 ejemplares finamente encuadernados, que se vendían a 1 sucre cada uno y a duras penas se lograron colocar 15. No faltó quien se arrepintiera de haberse suscrito, otros lo calificaron de “ocioso” por ocuparse de cosas de los indios y así por el estilo. Sin embargo, su esfuerzo redundó en beneficio de la élite culta del Azuay donde le apreciaban en alto grado. Poco después el “Liceo de la Juventud” fundó su “Sección Histórica” motivados por tal obra González Suárez pensó quemar los restantes ejemplares pero felizmente no lo hizo. Hoy es un libro rarísimo e inestimable, joya bibliográfica nacional por ser el más antiguo estudio arqueológico del país.

Durante estos años en Quito descolló como orador pronunciando discursos y publicando otros: en la bendición de la bandera del Batallón Vencedores de Pichincha, en la Independencia de América, sobre la poesía en América, etc. este último, pronunciado en 1.871.

De regreso de la Convención el 20 de Marzo de 1.879 predicó en la Catedral el sermón fúnebre en las honras del Dr. Mariano Cueva, Vice Presidente de la República entre 1.860 y 1.862. El 10 de Agosto de 1.881 predicó en la Catedral de Quito sobre los héroes de la independencia y el patriotismo; entre los concurrentes estaba el Presidente de la República, Gral. Ignacio de Veintemilla. Ese año y en la Imprenta del Clero publicó en Quito el I Tomo de su “Historia Eclesiástica del Ecuador” que salió precedido por su “Discurso sobre la Iglesia Católica en América desde su fundación hasta nuestros días”. El motivo de esta obra hay que encontrarlo en la lectura del “Resumen de la Historia del Ecuador” aparecido en Lima en 1.870, escrito por Pedro Fermín Ceballos. González Suárez quiso llenar los vacíos que contenía, sobre todo en su parte más antigua y luego se decidió a escribir una obra nueva, antes que acotar la ajena e hizo bien.

En 1.882 murió su madre en Quito, con fama de santa y de vidente, tenía visiones que luego se cumplían.

Hacia 1.883 viajó a la capital invitado por el Arzobispo Ignacio Ordóñez Lazo que lo nombró Canónigo de esa Catedral y su secretario y le pidió que lo acompañe a la visita “ad-limina-apostolorum” que realizaría a Roma. Entre Ordóñez y González Suárez existía una antigua amistad nacida en 1.872 en Cuenca. Viajaron juntos a las Antillas, Francia, Suiza, Italia y España. En este último país González Suárez radicó dos años sin la compañía del Arzobispo y los aprovechó para estudiar los Archivos de Indias, Alcalá de Henares y Simancas, maravillándose de sus contenidos, hizo amistad con personajes de la talla de Menéndez y Pelayo, José Toribio Medina y con americanistas como Jiménez de la Espada; copió documentos y otros estractó con su clara letra redondeada, fácil de leer y tanto, que los originales que aún se conservan nos muestran su hermosa caligrafía. Por entonces sufrió una aguda crisis alérgica por el polvo acumulado en los archivos y perdió todas sus muelas o ¿acaso sería una descalcificación general?.

En 9 cartas que publicó en 1.884 en “La Revista del Sagrado Corazón de Jesús” dirigidas por el Padre Julio Matovelle en Cuenca, recogió sus “Recuerdos de viaje”; estas cartas verán una edición en 1.901. Nuevamente en Quito reasumió la secretaría del Arzobispo y empezó a compaginar los datos obtenidos en España. Fruto de este trabajo es la “Memoria Histórica sobre Mutis y la Expedición Botánica en Bogotá”, que apareció merced al apoyo que le brindó el Secretario Municipal de Quito, Dr. Leonidas Batallas.
1.884 fue uno de los más fructíferos años de su existencia; comenzó el “Atlas Arqueológico” y en la Imprenta del Clero editó “El Nuevo Mes de María” o explicación de la Salutación Angélica, en dos tomos; obra empezada durante la travesía a Panamá. Una segunda edición se imprimirá en Madrid, en 1.904. Igualmente fue en 1.884 que por muerte del Arcediano de la Catedral de Quito, Dr. Leopoldo Freire, lo llamaron a ocupar dicha dignidad y con tal motivo el Arzobispo Ordóñez lo nombró Visitador Apostólico para las Diócesis de Cuenca y Guayaquil. En 1.889 publicó “Refutaciones Históricas”.

En 1.890 escribió su “Ensayo sobre Lacordaire”. En 1.891 publicó en Quito su Tomo II de la “Historia General del Ecuador”; en 1.892 el Tomo III y el Atlas Arqueológico, también llamado el Tomo innumerado, con 44 láminas de objetos arqueológicos excavados por el autor y precedido por su estudio sobre la etnología nacional y “La imprenta en el Ecuador durante el tiempo de la colonia”.

Muerto Monseñor Ordóñez Lazo en 1.893, fue sucedido por el Obispo de Ibarra, Pedro Rafael González Calisto, quedando vacante esa sede; entonces se formó una terna para ocuparla, encabezada por el Canónigo Juan de Dios Campuzano y reunida la Junta Ocasional del Ministerio de Asuntos Eclesiásticos se escogió al segundo integrante de ella, González Suárez, postergando a Campuzano, que se resintió con el gobierno por este desaire.

En 1.894 salió el Tomo IV y se vendía en la tienda de Ciro Mosquera. El “Diario de Avisos” de Guayaquil publicó una nota de su corresponsal en la capital, anunciando que los padres dominicanos habían protestado contra la obra porque relataba numerosos escándalos suscitados en los conventos de frailes y monjas de esa comunidad.

Fray Reginaldo María Duranti, prior de los dominicanos en Quito, contestó al Diario de Avisos y refutó a González Suárez, pero el verdadero autor de ese estudio es el Dr. Pablo Herrera. El Obispo de Portoviejo, Pedro Schumacher, felicitó a Duranti, pero al mismo tiempo le recriminaba por no haber aclarado todo el contenido del libro, calificando a González Suárez de “ignorante, mentiroso, liberal, enemigo de la religión y una amenaza para los intereses católicos de la religión” (sic).

Entonces se levantó una ola de resentimiento contra el historiador. Duranti escribió a Roma, su denuncia puso en peligro la concesión de la mitra de Ibarra; aunque muchos le apoyaban y la Universidad Central pidió a González Suárez que tomara la palabra en las solemnes exequias que se tributaban al ex Rector Dr. Miguel Egas Cabezas, en su calidad de profesor de Historia de la Facultad de Filosofía y Literatura.

En junio de 1.894 se reunió el Congreso Nacional González Suárez era Senador por Pichincha, también asistió el Dr. Felicísimo López y López, Senador por Esmeraldas. López estaba excomulgado por ser autor del folleto “Cartas al Pastor”, por no retractarse en sus errores, haberse reafirmado en ellos, polemizar por periódicos y ser espiritista. Esto último resultó falso, puesto que sólo practicaba magnetismo e hipnotismo con sus pacientes.

López presentó la nota de su nombramiento firmada por el Presidente de la Municipalidad de Esmeraldas, la Comisión Calificadora informó que estaba en regla pero que no podía posesionarle debido a su condición subjúdice. El Congreso se instaló y pasó a discutir el punto, llegado el momento de la votación González Suárez abandonó la sesión absteniéndose deliberadamente de dar su voto. ¡Grave escándalo para la religión! Acusó Schumacher y le recordó que mientras duró su visita arqueológica a Manabí, no daba misas dianas, por lo que le llamó la atención varias veces González Suárez contestó que sufría del estómago y que el vino de consagrar le producía agrieras, saliendo a relucir una serie de incidentes menores ocurridos entre Shumador y González Suárez. Mientras tanto el Padre Duranti y Pablo Herrera habían trabajado una refutación al Tomo IV que publicaron con el apoyo moral de Schumacher y bajo el título de “La Veracidad del Sr. Dr. Federico González Suárez en orden a ciertos hechos referidos en el Tomo IV de su Historia General”, libro que despertó las más encendidas pasiones. “En el confesionario hubo religiosos que me calificaron de apóstata y de corrompido” reveló el propio González Suárez, que se ausentó a Ambato abatido por una cruel enfermedad, y no pudo leer ni escribir por algunas semanas. De allí continuó a Riobamba, escribió sus “Memorias Intimas” e inició la “Defensa de mi criterio histórico” para refutar a Duranti y a Herrera, obras que no llegó a publicar, con referencias importantísimas para el conocimiento de los principales sucesos de su vida.

A fines de 1.894 la situación política se tornó aun más crítica con el escándalo de la venta de la bandera. El régimen presidencial de Luis Cordero se desmoronó con la publicación del folleto “Censura de los actos administrativos” del Canónigo Juan de Dios Campuzano, que despechado por su postergación a la mitra de Ibarra se había convertido en el principal detractor del Régimen. A Cordero sucedió un período de inestabilidad política y el advenimiento del liberalismo radical con la revolución del 5 de junio de 1.895 que salvó a González Suárez de su forzado exilio, donde se hallaba en apretada situación por el mal predicamento que le tenía el Arzobispo Pedro Rafael González Calisto.

Al fin, en 1.896, fue electo Obispo de Ibarra y al año siguiente publicó el “Manual del Devoto del Santísimo Sacramento”, obra en 116 págs., conteniendo oraciones para un mes. Entonces surgió el incidente del periódico “El Carchi” editado en Tulcán, por católicos de manga ancha a los que González Suárez combatió con doctrina tomada de las sagradas escrituras y pronunció su famosa frase: “Primero la Patria”, en franco rechazo al “Dios y Patria” de los enemigos del régimen liberal exilados en Colombia; después, el Obispo de Pasto, Fray Ezequiel Moreno Díaz, amenazó con excomulgar a los padres de familia del Colegio Bolívar de Tulcán si no retiraban a sus hijos de dicho plantel, que dirigía el profesor Rosendo Mora. El asunto tenía cola porque años antes el profesor Mora había sido excomulgado y perseguido por el anterior diocesano de Pasto, Monseñor Caicedo, debido a discusiones religiosas y seudo doctrinarias.

Mora ejercía en 1.896 en Tulcán y mal podía depender de la diócesis de Pasto, como equivocadamente pretendía el Obispo Moreno Díaz. González Suárez tuvo que intervenir para defender su territorio eclesiástico y la soberanía ecuatoriana sobre esa zona y de no haber mediado ciertas circunstancias políticas el asunto habría concluido; pero, eran tiempos de lucha encarnizada, Schumacher residía a pocas leguas de la frontera, en el pueblecito de Samaniego, repleto de exilados. La polémica fue a Roma, la Sagrada Congregación dictaminó que González Suárez tenía razón y que Tulcán dependía de su diócesis. Monseñor Moreno viajó y fue recibido en audiencia privada por el Papa. Era la segunda ocasión en menos de cinco años que se denunciaba a González Suárez. El Papa “aclaró” el dictamen de la Congregación de Ritos y dio la razón a Moreno. El gobierno nacional declaró que no llevaría adelante las conversaciones diplomáticas con la Santa Sede sino se revisaba ese asunto. González Suárez reorganizó al “Bolívar” con personal ecuatoriano y pidió a Mora que se disculpe ante Moreno, pero no lo consiguió. Roma dio pie atrás, volvieron las cosas a su estado inicial y se hizo la paz.

En julio de 1.900 publicó el folleto “Cuestiones Palpitantes”, analizando los sucesos ya reseñados y libre de estas trabas y molestias aprovechó para insertar entre 1.902 y 1.903, en los Anales de la Universidad Central, su obra “Los aborígenes del Carchi e Imbabura”, escrita a raíz de varias excavaciones arqueológicas realizadas en 1.900. Una segunda edición saldrá en 1.908. El 10 de Agosto de 1.904 predicó en la Catedral de Ibarra sobre el patriotismo como virtud cristiana.

En 1.906 ascendió al Arzobispado por muerte de su antecesor y sin oposición canónica porque la mayor parte de los prelados – nacionales y extranjeros – se hallan desterrados del país. Ese año publicó “Estudios Literarios” en 191 págs. En 1.907 y en 1.908 salió la segunda serie (2) que continuó en 1.909 con un tomo en 143 págs. y felicitó al Presidente Alfaro y al Partido Liberal por la llegada del ferrocarril a Quito.

Entre 1.909 y 1.913 publicó tres volúmenes de opúsculos titulados: “Miscelánea”, “Nueva Miscelánea” y “Miscelánea Religiosa” con artículos editados aunque poco conocidos, en 203 y 308 págs. respectivamente. Desde el 24 de julio de 1.909 presidió las sesiones de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos”. En 1.910 bendijo la bandera del batallón universitario que marchó a la frontera sur a pelear con el Perú, compuso una “Arenga”, Presidió la Junta Patriótica Nacional y dijo “Si la Patria debe morir, que lo haga peleando contra el enemigo y no envuelta en las sutiles redes de la diplomacia”. En 1.911 publicó dos tomos de “Obras Oratorias” donde recogió sus discursos.

En 1.912 intervino en los sucesos posteriores al arrastre de los Alfaro y en el Boletín Eclesiástico tuvo palabras de encomio para la memoria del asesinado General Julio Andrade. A petición del Municipio quiteño prologó los “Escritos de Espejo”, en 1.914 editó las “Advertencias para buscar, coleccionar y clasificar objetos arqueológicos pertenecientes a los indígenas, antiguos pobladores del territorio ecuatoriano” y en 1.915 las “Notas Arqueológicas”.


(2) Los Estudios Literarios contienen: Dos palabras, Belleza literaria de la Biblia, Crítica Literaria poética del cristianismo, Los iniciadores de la restauración literaria católica en Francia, Chateaubriand, La poética del Cristianismo, Crítica Literaria, Fray Luis de León, Reminiscencias Políticas, méritos de Fray Luis de León, comparación entre Horacio y Fray Luis de León, juicio crítico de sus obras, El Evangelio, de la poesía Epico Cristiana, concepto de la Belleza, la Cristiada del Padre Hojeda, la Teología Dogmática y la Poesía, El Paraíso perdido de Milton, las regiones de Ultratumba en la poesía épica cristiana, La Divina Comedia, Inicio sobre el poema, Literatura Pagana y Literatura Cristiana, Poemas bíblicos de San Avito.
Cansado de tantos trabajos y aquejado de uremia, murió en Quito, el Sábado 1°. de diciembre de 1.917, a los 73 años de edad y 11 de Arzobispado. El Estado decretó honras fúnebres. La Academia Nacional de Historia patrocinó en 1.937 la publicación de “Defensa de mi criterio histórico” y Monseñor Manuel María Pólit Lazo editó dos gruesos volúmenes titulados “Obras pastorales del Ilmo Sr. Dr. Dn. Federico González Suárez”. En 1.930 apareció “Memorias Intimas” que alcanzó gran éxito y se reeditó un año después y luego en 1.936, en esta última edición figura como apéndice la biografía escrita por Nicolás Jiménez y las “anotaciones” que comenzó a escribir Monseñor Pólit antes de su muerte.

El retrato moral y físico del gran Arzobispo lo muestra de “estatura pequeña, cabeza bien formada, cabello entrecano, frente alta y limpia donde brillaba la centella del genio, espesas y arqueadas cejas, el mirar melancólico y penetrante, la nariz larga y algo extendidos los labios al terminar en su parte inferior, las mejillas blancas, sonrosadas y salientes; la boca grande y gruesos labios, el andar lento y mesurado. Tranquilo y apacible en el trato familiar y cuando estaba de buen humor, serio y severo en el ejercicio del Ministerio sacerdotal. De temperamento nervioso y sensible, al contemplar su rostro bien a las claras se veía que un sentimiento de tristeza profunda dominaba su alma noble y generosa. Sus modales decorosos y dignos inspiraban respeto y aún veneración. Tenaz en sus propósitos y firme en sus resoluciones, nunca le faltó el valor para llevar a cabo empresas de trascendental importancia. “Sobrio y Laborioso”. Solía decir que el honor era el premio a la virtud.

Melancólico, pesimista y misógino, huía del trato social creyendo con ello que ganaba tiempo y no se comprometía en etiquetas. Pocos, poquísimos amigos y sobre todo, cultivó la amistad de la familia Batallas; casi nunca reía pero formó discípulos en las disciplinas históricas y una nueva generación de sacerdotes más a tono con la realidad del país. Sirvió de puente y evitó el abismo entre dos mundos, el decimonónico que él clausuró y el siglo XX que inauguró con su influyente personalidad de sabio y sacerdote.

Al recibir a cualquier persona levantaba la cabeza y el pecho para mirarla de frente, gesto que le daba un aire señoril y regio, como de quien no se intimida ante nadie y que infundía respeto y algo de turbación en cuantos se le acercaban, sobre todo la primera vez.

De índole comunicativa, gustaba de la conversación y de las tertulias de amigos, deleitándolos con las anécdotas que refería con gran franqueza y cierto salado gracejo.

Su mayor obra es la Historia General del Ecuador compuesta de siete tomos más el Atlas Arqueológico aparecidos entre 1.890 y 1.903, libro clásico en las letras ecuatorianas.

Por Lorena Loor

Numa Pompilio Llona

           Numa Pompilio Llona

Nació en Guayaquil el 5 de Marzo de 1.832 y fue bautizado con los nombres de Manuel Pompilio que luego cambiará por Numa Pompilio, más acorde con sus aspiraciones de grandeza. Hijo del Dr. Manuel Leocadio de Llona y Rivera, notable abogado, perseguido en 1.818 por el Gobernador Mendiburo por sus ideas, expresiones y actitudes patrióticas. Prócer de la Independencia y firmante del Acta del 9 de Octubre de 1.820, Síndico Municipal de Guayaquil y activista bolivariano en 1.822, hizo arriar el pabellón bicolor de Guayaquil Independiente del malecón de la ciudad para izar el tricolor colombiano, acción que le atrajo el odio eterno de los elementos tradicionales de la ciudad que jamás le perdonaron dicha ofensa; y de Mercedes Echeverri Llados, de la nobleza de Cali en Colombia, hija del prócer Echeverri, flagelado por los españoles por ocultar en su casa a su amigo y compadre Darío Micolta, uno de los más valerosos caudillos revolucionarios de ese país.

El Dr. Manuel Leocadio de Llona y Rivera después de 1.822 sufrió el abandono social a causa de su acción política, lo que influyó para que en 1.828 se distanciara de su cónyuge Antonia de Marcos y Crespo con quien había casado ese año y de su tierno hijo Antonio, refugiándose en el amor de la hermosísima Mercedes, de paso por Guayaquil, acompañando a su padre, militar de los ejércitos de Colombia. Con ella vivió en su quinta de la esquina suroeste de las calles Chile y Luque donde les nacieron varios hijos y entre ellos Numa Pompilio. Como el escándalo social era grande, la familia Llona y Echeverri viajó a Cali en 1.836 y radicó en el valle del Salado, donde los Echeverri eran dueños de una finca que el poeta recordó con cariño llamándola mi Arcadia en su Odisea del Alma y allí transcurrió su adolescencia. Aguirre Abad, en su “Bosquejo Histórico”, al referirse al Dr. Manuel Leocadio de Llona y Rivera le dice: “Célebre por sus talentos y más que por ellos, por su conducta traviesa e inmoral” expresión que constituye una exageración sin lugar a dudas.

En 1.853 ocupó la cátedra de Estética y Literatura General de la Universidad de San Marcos demostrando amplios conocimientos sobre los clásicos griegos y latinos y sobre las principales figuras del cristianismo. Por esos años alternaba con el periodismo, desde 1.854 hasta el 59 fue redactor principal y literario del diario “El Comercio” de Lima, decano de la prensa peruana, escribiendo con esa brillantísima generación poética formada por Fernando Velarde, Luis y José Arnaldo Márquez y Manuel Adolfo García, a la que se unieron Clemente Althaus y Juan de Arona, el venezolano José Vicente Camacho, Luis Benjamín Cisneros, Ricardo Palma, Carlos Augusto Salaverry. De esa época es su afamada “Oda al General Necochea y a América”.

Entre 1.860 y el 62 ejerció el Consulado General del Perú en Madrid y tuvo la oportunidad de tratar a los principales literatos de la península. En 1.864 fué designado Secretario del Congreso Americano reunido en Lima con el objeto de repeler la agresión española a las costas peruanas y compuso el poema lírico “La toma de las islas de Chincha” que después incluyó en “Los Clamores de Occidente”.

Obras Literarias

Entre sus obras literarias se encuentran diversos temas sobre los acontecimientos y circunstancias de la vida. Escribió sobre asuntos religiosos y patrióticos, estéticos y filosóficos. Buscaba los temas y los lectores. No hay una composición que no esté dedicada a un personaje o a una nación

  • Cien Sonetos Nuevos
  • Interrogaciones
  • Amor Supremo
  • Himnos, dianas y elegías patrióticas y religiosas
  • De la penumbra a la Luz
  • Cantos Americanos
  • Nuevas poesías
  • Artículos en Rosa
  • Noches de Dolor en las Montañas
  • Canto a la Vida*Odisea del Alma
  • Clamores de Occidente
  • El gran enigma
  • Noche de dolor en las montañas
  • Grandeza Moral

 

 

 

Los arqueros negros

Tras el hombro el carcaj : un pie adelante;
con el brazo fortísimo membrudo
tendiendo el arco; y, con mirar sañudo,
inclinado el etiópico semblante,

así, en hilera, el batallón gigante
de dolores me acecha torvo y mudo;
y sus saetas clava en mi desnudo
ensangrentado pecho palpitante!…

¡Mas no de tus flecheros me acobardo
ante el airado ejército sombrío;
sus golpes todos desdeñoso aguardo!…

¡Manda a tu hueste herirme, oh Hado impío,
hasta que lancen su postrero dardo!
Hasta que se halle su carcaj vacío.

 

Alan Assan

Bibliografia: pagina el Efecto Alquimia, Libro de Estudios sociales   

 



DOLORES SUCRE LAVAYEN

Nació en Guayaquil en 1.837. Hija legítima del Coronel José Ramón de Sucre y de la Guerra, nacido en 1.798 en Cumaná, Venezuela, que realizó las campañas militares de su Patria y de Nueva Granada y posteriormente combatió en Junín, Ayacucho, el sitio del Callao y Tarqui y de la guayaquileña Mercedes Lavayen y García, casados en 1.834, Vocal de la Junta Curadora de niñas en 1.845, mujer intelectualizada para su tiempo.

A los siete años de edad recibió las primeras letras de su madre, mujer culta y activa “que desenvolvió su vida en un medio que negaba la participación de la mujer en igualdad del hombre” y asistió a la escuela de la preceptora Cruz Andrade Fuente Fría de Drinot, “quien la inició en el cultivo de las bellas letras adivinando que en el pecho de la niña que recién gorjeaba, se agitaba un mundo de lirismo y de poesía.”

De quince años apenas ya daba muestras de poseer un talento nada vulgar y versificaba hasta por mera distracción. Poco después se enamoró perdidamente de un joven inglés apellidado Perinmen, quien correspondía sus anhelos con nobles y profundos sentimientos y cuando ya estaba fijada la fecha de la boda; ocurrió que, estando el novio aceitando un arma, se escapó el disparo que segó su vida. Dolores “se entregó por entero a su dolor y a la poesía, surgiendo de sus labios rosas y lirios para el amado y toda una gama de perfumadas flores para Dios, la Patria, la verdad y la virtud, temas que serían constantes en su inspiración románticas y añorosa.

En 1.870 visitó el Perú y fue presentada por su paisano Numa Pompilio Liona en el Ateneo de Lima, siendo admirada por Pedro Paz-Soldán que escribía con el seudónimo de Juan de Arona, por Clemente Althaus y por Ricardo Palma. Posteriores viajes a Lima le permitieron ingresar a las célebres tenidas del “Círculo Literario” y. trabó amistad con escritores de la categoría de Teobaldo Corpancho, Carlos G. Amésaga y Clorinda Matto de Turner, autora de “Aves sin nido”, novela indigenista y anticlerical, que abrió una nueva etapa en las letras femeninas americanas.

Desde el 10 de enero de 1.871 colaboró en el periódico religioso y literario “La Esperanza” y vivía en la Parroquia del Sagrario con su padre y hermanos. En 1.874 falleció su madre que tanto la había alentado en sus afanes literarios y el 11 de agosto de 1.880 su padre, entrando una discreta pobreza al hogar compuesto de otras dos hermanas solteras llamadas Carmen y Obdulia, con quienes empezó a recibir alumnas, desde el 1° de enero de ese año, en su casa, enseñando a leer y a escribir, las cuatro reglas y labores de mano, así como lo necesario para la vida social de la época. La Escuela de las señoritas Sucre pronto estuvo considerada entre las mejores del Guayas junto a la de las hermanas Fuentes y a la de Rita Lecumberry Robles.

En 1.881 colaboró en la revista el “Album” y en la “Guirnalda Literaria” por paga exigua, y formó parte de la Sociedad de Beneficencia de Señoras donde su tía Dolores Jiménez de Sucre ocuparía la presidencia seis años después.

Igualmente, por influencia de la poesía de Llona y acordándose de los gloriosos hechos militares que le había referido su padre, su romanticismo inicial volvióse de corte clásico, académico y social y fueron los temas cívicos sus preferidos. Fue, pues, una poetisa del segundo período del romanticismo ecuatoriano o lo que es lo mismo, del romántico tardío.

También fue miembro de la Guardia de Honor de la Virgen de la Merced y allí hizo amistad con Carmen Pérez de Rodriguez-Coello y con Angela Carbo de Maldonado, quienes también escribían poesías; sin embargo, Dolores, las aventajaba a ambas por su incansable actividad en “La Esperanza” y en “Los Andes”, periódicos tradicionales del puerto principal donde tenía columna propia dedicada a la mujer y por eso se la considera una avanzada del feminismo de su tiempo en el Ecuador.

En 1.883 cantó al Centenario del Nacimiento del Libertador, luego en las inauguraciones de las estatuas de Bolívar y Rocafuerte; fueron poesías de compromiso, cantos a héroes del pasado, que como ya se ha dicho, la alejaban de sus primeras y espontáneas manifestaciones y de la realidad cotidiana y por ello empezó a expresarse en difíciles retruéncanos, tal si con ellos obtuviera algún mágico efluvio que le causara raro embeleso.

Para pedir un vaso de leche en el desayuno decía: “Mucama, pasadme el líquido perlático que nos proporciona la consorte del toro”. Para que le dieran su vestido negro: “Tomad el acero (la llave) abrid el madero (el ropero) y sacad el de luto vestir”. Un día, que pasaba por los bajos de su departamento ubicado en Vélez entre García Avilés y Boyacá, un simplísimo carbonero, lo llamó de la siguiente manera: “Buen hombre ¿cuánto reporta actualmente un saquillo del producto del fuego sobre la madre naturaleza? En otra ocasión para solicitar un huevo duro en el almuerzo, lo hizo de la siguiente forma: “Por favor, deseo un óvulo gallináceo afectado por el calor acuoso”. También acostumbraba decir en su casa: “Doméstica, corred los linos, abrid los pinos y dejad que el céfiro penetre”, para pedir que le abran las ventanas y las cortinas. Frases que movían a risa a quienes las oían y eran prontamente repetidas en toda la ciudad con notable éxito entre los chuscos que nunca faltan.

Sus hermanas dizque le entendían todo porque ya se sabían de memoria su forma extraña de hablar, pero no ocurría lo mismo con la generalidad de las gentes que se quedaban en babia, sin saber qué responderle

El 96 publicó varios poemas en la “Semana Literaria” de Manuel J. Calle en Quito.

En 1.898 colaboró en la revista quincenal, ilustrada, de letras, artes, ciencias y variedades “El Crepúsculo”.

En 1.900 protestó públicamente y acusó al Gobierno del general Alfaro de “mantener en el ostracismo al clarísimo poeta nacional Dr. Cesar Borja Lavayen, por causas nimias que la grandeza olvida y el amor perdona…” y tanto molestó sobre el tema que, a la postre, después de algunas semanas de estas quejas, consiguió que le permitieran regresar a su primo segundo el Dr. Borja Lavayen de San José de Costa Rica, donde vivía exilado desde 1.895.

Este generoso gesto le granjeó una ola de popularidad nunca antes vista en mujer alguna en Guayaquil y hasta fueron a vitorearla los estudiantes universitarios, pero ella se negó a salir a la ventana diciendo que lo hecho era solamente una migaja de su corazón y no cosa del otro mundo como para merecer tantos aplausos, bien es cierto que el asunto se estaba prestando a burlas y ella lo adivinaba.

Numerosos poetas, periodistas y escritores la visitaban o se carteaban con ella: Juan Abel Echeverría de Ambato, Angel Polibio Chávez de Guaranda, José Abel Castillo, etc.

El 10 de octubre de 1.904 los ecuatorianos coronaron a Llona, que en su ancianidad atravesaba por una cruel pobreza. Dolores fue designada por el comité organizador para colocarle la corona de hojas de laureles de oro y en tal oportunidad recitó un admirable soneto que conmovió los más altos sentimientos del país. Poco después, en marzo siguiente, un grupo de jóvenes propusieron su coronación y fueron apoyados por los redactores de la revista quincenal de literatura y arte “Guayaquil Artístico”. Ella se opuso en carta abierta, pero de todas maneras los socios del Club de la Unión presididos por el Dr. Francisco X. de Aguirre Jado, organizáronse en Comité y pidieron a la Municipalidad que en el programa de las fiestas octubrinas se colocaran los actos del Homenaje, que poco a poco fue tomando características nacionales por las adhesiones que se recibían de todo el país.

La Coronación se fijó para el 9 de Octubre de 1.905. El Dr. Vicente Paz Ayora ofrendó a nombre del Comité la “Lira de oro, brillantes y esmeraldas” que fue colocada por María Sánchez Urbina, entre números de canto y piano. Llona intervino con un sentidísimo elogio y solamente hubo que lamentar la imprudente conducta del poeta Nicolás Augusto González Tola, que ingresó al Teatro Olmedo del brazo de una amiga con quien vivía públicamente y como González había sido designado el orador de la noche, el asunto tornóse serio y mal hubiera terminado pues las damas quisieron retirarse y únicamente aceptaron permanecer en sus asientos para no deslucir el acto ni dañar la noche a la poetisa, pero lo hicierona desgano y muy contrariadas.

Dolores Sucre entró en compañía de sus hermanas y mejores amigas y sentóse en una especie de sillón del trono. Fue su noche de gloria pues recibió de Guayaquil más que una corona, recibió una lira y el homenaje cariñoso que había despertado su simpatía y bondad a través de numerosos años en el magisterio femenino y en el periodismo de altura y espiritualidad. Homenaje que también le tributó la sociedad por su prestancia como hijo de un prócer y sobrina de un héroe. El Ateneo de Lima le envió una efusiva felicitación, que fue leída y mereció aplausos. La colonia venezolana se hizo presente con sus amigas Pepita Gual y Domínguez y Mercedes Acevedo y Paz-Castillo de Manrique, hija y nieta de próceres, respectivamente.

Entonces Dolores declamó un poema compuesto de 23 décimas, diciendo en la última:// “Compatriotas, con la lira/ que condecora mi pecho/ Me da a la gloria derecho/ Mas, mi musa no delira/ Si os juro que en esta lira/ la Patria con esplendor/ me paga deudas de amor/ al ver mi tumba cercana/ ¡Salve el cielo al Ecuador!// aunque en esto de la tumba cercana anduvo errada pues vivió hasta los ochenta años, falleciendo el 5 de junio de 1.917 y “fue vestida con el albo traje de la Virgen mercedaria, juntas las manos en mística plegaria, llevando en su pecho prendida cual estrella, la lira de diamantes que el pueblo y su ciudad le habían tributado doce años antes y se dio el curioso caso que las damas de la ciudad, “rompiendo las barreras de prejuicios absurdos, acompañaron al cortejo solemne hasta su último morada y diéronle el adiós, así, en forma tan inusual”. El Presidente de la República, Alfredo Baquerizo Moreno, por su parte, expidió un decreto de honras.

En 1.914 habían aparecidos sus “Poesías”, recopilados por ella misma y editadas en Barcelona, con escogidos partos de su númen, “que tuvo la sencillez de un clasicismo proporcionado, casto y desnudo como el de las estatuas griegas”; pero, su pensamiento, no traspasó la etapa mariana que imponía a la mujer la sumisión total en el hogar y un simple papel secundario en sociedad. En 1.920 se editó su “Corona Fúnebre”.

Fue mujer de estatura más que mediana, cabeza imponente, cabellos negros, grandes ojos y nariz aguileña; solía vestir de blanco entero como era costumbre por entonces y en la ancianidad llegó a la obesidad.

Tuvo un altísimo sitial y el glorioso apellido que ostentaba la convirtió en figura de primera magnitud, “pero no actualizó su verso ni su pensamiento guardó relación con las transformaciones políticas del mundo y de su Patria”, quedando rezagada en un romanticismo arcaico y cuando murió representaba solamente el recuerdo de una poesía decimonónica y afectada.

Muchos años después el poeta Enrique Segovia escribió sobre ella lo siguiente: “Precisa y luminosa conservo la visión de la dulce y venerada anciana, cruzando la ancha calle Boyacá, con lento y fatigado paso, una mano apoyada en el brazo de mi padre (se refiere al notable educador Nicolás Segovia) y la otra en su clásico bastón. Recuerdo que contemplaba con deslumbrados ojos a esa elegante matrona, cuya faz semienmarcada por alto y complicado peinado, del que pendía amplio velo de finísimo encaje, tenía un sello de grave distinción y auténtico señorío, y a despecho de los años era hermosa. Vivía con sus hermanas Carmen y Obdulia en una espaciosa casa. Las tres ejercían el magisterio y regentaban una escuela fiscal de niñas que funcionaba en el mismo edificio donde ellas vivían, en Boyacá entre 9 de Octubre y Vélez, si bien la poetisa siempre dio preferencia sobre todo lo demás al cultivo de las letras, su máxima y constante preocupación y el invariable y rico alimento que la nutría, vigorizaba su mente y confortaba su espíritu. La poesía fue el distintivo primordial de su personalidad y la razón suprema de su vida. Ejercicio magno, profesión excelsa, de génesis vocacional, que tuvo en ella carácter religioso, que la elevó y dignificó, infundiéndole fe y energía. Fue un entregarse pleno y total, con algo de grandioso holocausto y sublime renunciación, aunque también se dedicó al cultivo del canto. Cierto es que insistentemente habla en sus versos de íntimas congojas; sin embargo, su tono es sereno y revela valor y confianza. La práctica magistril, el diario alternar con niñas, la labor de instruirlas y educarlas, eran también campo propicio a su temperamento idealista y bondadoso, y de fijo, contribuyeron eficazmente a disipar sus sombras y aligerarle el peso de sus desdichas. Genuina señora que aún ostentado la grandeza de su aristocracia, prefirió siempre y cifró en ello su más alto orgullo, en la grandeza del corazón, el lustre del talento”.

 

Por: Lorena Loor


Dolores Veintimilla de Galindo

 Dolores Veintimilla de Galindo

 

 Dolores Veintimilla de Galindo nació en la ciudad de Quito  en el año de 1829. Fue educada en el seno de una familia aristocrática, ilustre y culta, vivió una infancia feliz rodeada de múltiples atenciones y gracias a su sensibilidad artística empezó a escribir desde muy joven.

A los 18 años contrajo matrimonio con el médico colombiano Sixto Galindo. Poco tiempo después, por razones de la profesión de su esposo se trasladaron a vivir en Guayaquil, ciudad que les abrió las puertas y los recibió en los mejores círculos sociales. Al poco tiempo, y sin conocerse hasta hoy las causas, su esposo se marchó a Centroamérica dejándola en la más absoluta pobreza, en la ciudad de Cuenca sola con su hijo.

Fue entonces cuando sola, abandonada y buscando alivio a su dolor, Dolores Organiza tertulias literarias que motivan murmuraciones sobre su comportamiento. Su situación se complica cuando, en abril de 1957, Dolores, por medio de una hoja volante, Necrología, defiende a un indígena condenado a muerte bajo la acusación de parricidio. (Y este parece ser el primer alegato en Ecuador contra la pena de muerte, vigente entonces). Se multiplican entonces las calumnias y los maltratos contra la escritora, quien es tildada de inmoral, atea, panteísta.

Estos hechos, sumados al abandono de su esposo, son los que la sumen en la depresión y finalmente la llevan a suicidarse el 23 de mayo de 1857, con algo de cianuro que encontró en el maletín de su marido, dejando solamente una nota a su madre:

Debido a su muerte no pudo ser enterrada en tierra santa, pero algún tiempo después su marido regresó a exhumar su cadáver y hasta la fecha se desconoce el lugar donde yacen sus restos.

 

 

Sus Obras

Entre la prosa sobresalen “Fantasía” y “Recuerdos”. Son obras en las que dialoga con el pasado y en las que culpa al tiempo por haber dado una temprana muerte a sus ilusiones.

En el verso es donde mejor logra plasmar su dolor con “Aspiración”, “Desencanto”, “Anhelo”, “Sufrimiento”, “La noche y mi dolor”, “Quejas”, “A mis enemigos”, “A un Reloj” y “A mi madre”.

Cómo característica de su estilo se puede contar que prefirió el verso rimado y musical, y que casi no se valió de metáforas u otras imágenes literarias para plasmar su dolor en sus escritos.

 

Quejas

 ¡Y amarle pude! Al sol de la existencia
se abría apenas soñadora el alma…
Perdió mi pobre corazón su calma
desde el fatal instante en que le hallé.
Sus palabras sonaron en mi oído
como música blanda y deliciosa;
subió a mi rostro el tinte de la rosa;
como la hoja en el árbol vacilé.

Su imagen en el sueño me acosaba
siempre halagüeña, siempre enamorada;
mil veces sorprendiste, madre amada,
en mi boca un suspiro abrasador;
y era él quien lo arrancaba de mi pecho;
él, la fascinación de mis sentidos;
él, ideal de mis sueños más queridos;
él, mi primero, mi ferviente amor.

Sin él, para mí el campo placentero
en vez de flores me obsequiaba abrojos;
sin él eran sombríos a mis ojos
del sol los rayos en el mes de abril.
Vivía de su vida apasionada;
era el centro de mi alma el amor suyo;
era mi aspiración, era mi orgullo…
¿Por qué tan presto me olvidaba el vil?

No es mío ya su amor, que a otra prefiere.
Sus caricias son frías como el hielo;
es mentira su fe, finge desvelo…
Mas no me engañará con su ficción…
¡Y amarle pude, delirante, loca!
¡No, mi altivez no sufre su maltrato!
Y si a olvidar no alcanzas al ingrato,
¡te arrancaré del pecho, corazón!

Ma. Belen Nuques M.

http://www.edufuturo.com/educacion.php?c=1590

http://www.poemasde.net/quejas-dolores-veintimilla-de-galindo/

teachers.cmsfq.edu.ec/…/Dolores_Veintimilla_de_Ga%5B1%5D.doc

Juan Montalvo

Juan Montalvo (Ambato, 13 de abril de 1832 – París, 17 de enero de 1889), fue un gran ensayista y novelista ecuatoriano; él con sus escritos dejó un legado que hasta hoy es reconocido, tanto así que cada 13 de abril se celebra el Día del Maestro Ecuatoriano en honor a su natalicio.

Vivió apasionadamente la política de partidos de su país, y su pensamiento liberal estaba fuertemente marcado por el anticlericalismo y la oposición a los dictadores Gabriel García Moreno e Ignacio de Veintemilla, (los principales escritos de Montalvo fueron en contra del régimen de Gabriel García Moreno, después de su muerte, Montalvo manifestó ‘Mi pluma lo mató’ y prosiguió a escribir ‘Las Catilinarias’, obra en la que hace una comparación entre García Moreno y Veintemilla.)

Luego de la publicación de la revista El Cosmopolita, por medio de la cual criticaba a la dictadura de García Moreno, Montalvo viajó a Colombia, donde escribió gran parte del resto de su obra.

Su oposición a la dictadura lo mantienen fuera de Ecuador, primero exiliado en Panamá y luego en Francia. En 1881 viajó a París con el manuscrito de otros libros suyos. El libro de ensayos Siete tratados, quizás la obra que mejor caracteriza la cultura de Montalvo, se publicó en 1882; los demás sólo después de su muerte.

Juan Montalvo desde muy joven se dedicó al cultivo de las letras, por tanto sus obras son el producto de su afición y dedicación, tales como: ‘Los Siete Tratados’, ‘Capítulos que se le olvidaron a Cervantes’, ‘La Dictadura Perpetua’, El Cosmopolita’, ‘Las Catilinarias’, ‘El Espectador’, El Regenerador, Geometría Moral, La Mercurial Eclesiástica’.

“Ojeada sobre América” (1866) es un ensayo más extenso y también un buen ejemplo del estilo de su prosa, de su preocupación por América y de sus conocimientos, no sólo del pasado histórico sino también de los acontecimientos del momento.

La crítica coloca a Montalvo entre los autores clásicos ecuatorianos, por la galanura de la corrección; en sus escritos demuestra Montalvo el amor a la libertad, la defensa a la democracia y la divulgación de los conocimientos científicos, en procura de un mejoramiento de la ética social.

La obra ensayística de Montalvo destaca por su espíritu combativo ante la opresión, tanto social como política y religiosa. En su obra destaca el ensayo polémico. Como escritor era un purista en el uso del lenguaje y un clasicista en el estilo, pero un romántico en su amor a la libertad y en su lucha contra la tiranía (“Mi causa es la moral, la sociedad humana, la civilización”, dice en 1859 en carta al dictador García Moreno).

Seguramente la personalidad más singular y atractiva de la historia literaria ecuatoriana es la de Juan Montalvo. Su nombre cobró prestigio internacional después de mediado el siglo XIX, desde la aparición de su primera obra: “El Cosmopolita”.

Consiguió convertirse en uno de los grandes referentes de la literatura ecuatoriana.

Literalmente Montalvo ha sido y es conocido como “El Cervantes de América”, por su exquisita y límpida expresión y uso del idioma castellano en todas sus obras y en especial en ‘Capítulos que se le olvidaron a Cervantes’; orgullo de Ambato y el Ecuador”.

El 17 de enero de 1889 muere el “Cosmopolita de América”. No sin antes exclamar una frase muy celebre suya: “Un cadáver sin flores siempre me ha inspirado tristeza”, por eso antes de morir se vistió de gala.

Sandra Torres

 

Eugenio Espejo

“El más formidable agitador del Nuevo Mundo”

Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo ( 1747, en Quito, Ecuador – 27 de diciembre de 1795, encarcelado en Quito). Fue un prominente investigador científico, médico, escritor, abogado, periodista, pensador, quiteño ideólogo político y considerado en Ecuador prócer de la independencia.

Según la leyenda romántica, fue hijo de un indígena quechua, Luis “Chusig” (lechuza), procedente de Cajamarca de una familia de picapedreros, quien se instaló en Quito como asistente del sacerdote y médico José del Rosario. Su madre, Catalina Aldás, era una mulata nacida en Quito. Al contrario de lo que se piensa Luis Chusig, no solo fue un simple picapedrero o asistente de José del Rosario, fue además y por sus propios medios un indio culto, que aprendió a leer gracias a la ayuda de Don Luis Benítez de la Torre, Cura y Vicario de Cajamarca, quien a escondidas, instruyó a Luis “Chusig”, ya que en esa época era prohibido, que los indios sepan leer, y este en agradecimiento utilizó el apellido “Benítez”, mismo apellido con el que contrajo matrimonio con Catalina Aldás. El origen de apellido “Santa Cruz y Espejo” no está aun esclarecido, pero se cree, que fue impuesto por algún español, ya que en esa época, todos los indios evangelizados, se les asignó nombres y apellidos cristianos.2 Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo, aprendió sus primeras letras en casa de sus padres y luego, supuestamente, en una escuela católica para niños pobres. Sin embargo, existe controversia sobre el origen del sabio quiteño, pues existen documentos que comprueban que el nombre familiar de Espejo, lo llevaba ya el padre de Eugenio, quiteño, e incluso su abuelo, español.

Según algunos historiadores que defienden la historia romántica de Espejo, a él le fue muy difícil abrirse paso dentro la clasista sociedad colonial, pero consiguió doctorarse en medicina en 1767 y poco después también en jurisprudencia y derecho canónico. Dentro la sociedad quiteña se convirtió en el eje de la vida cultural y propagador de ideas progresistas, con un considerable apoyo por parte de la aristocracia criolla. En 1779 publica su primera gran obra, El Nuevo Luciano de Quito una crítica terrible a todos los problemas y deficiencias de la vida cultural en la Real Audiencia de Quito. Fue acusado de ser el autor de un texto que aplaudía el levantamiento de Túpac Amaru y Tupac Catari. Su activismo cultural acabó enfrentándolo a las autoridades, que lo procesaron en la capital del virreinato, Bogotá, pero este hecho contribuyó a aumentar aún más su prestigio; ya que salió libre de todo cargo.

 

      Obras

  •    Nuevo Luciano de Quito (1779)
  •    Marco Porcio Catón o Memorias para la impugnación del nuevo Luciano de Quito (1780)
  •    Carta al Padre la Graña sobre indulgencias (1780)
  •    Sermón de San Pedro (1780)
  •    La Ciencia Blancardina (1781)
  •   El Retrato de Golilla (1781)
  •   Cartas teológicas (Atribuidas, 1780-1792)
  •  Reflexiones acerca de un método para preservar a los pueblos de las viruelas (1785) versión en línea (Español)
  •  Cartas riobambenses (1787)
  •   Defensa de los curas de Riobamba (1787)
  • Discurso sobre la necesidad de establecer una sociedad patriótica con el nombre de “Escuela de la Concordia” (1789)
  •  Memorias sobre el corte de quinas (1792)
  • Voto de un ministro togado de la Audiencia de Quito (1792) versión en línea (Español)
  •  Diario Primicias de la cultura de Quito

 Alan Assan

Bibliografia: Wikipedia, Biografia , Libro de Estudios sociales

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